La Fuente, la famosa y tradicional cantina de la bicicleta

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Por Gilberto Pérez Castillo

La cantina La Fuente es uno de mis lugares preferidos en Guadalajara para beber y pasar un tiempo agradable.

El que esté en pleno corazón del centro histórico tapatío le da un sabor aún más especial.

Su historia, el lugar (que guarda el ambiente de las viejas cantinas), la música en vivo y la comida que se puede ordenar del restaurante vecino hace de esta cantina un lugar obligado para frecuentar por propios y extraños.

Por aquí han pasado artistas, gente del mundo del espectáculo, políticos y músicos reconocidos. Pero sin duda su clientela habitual es la que ha convertido a La Fuente en una comunidad, familia dicen algunos, que bebe, convive y respeta.

La Fuente fue fundada por don Florencio López en 1921, quien luego de ser empleado de una cantina se independizó para poner la propia, por la calle de Hidalgo, entre Pino Suárez y Liceo, pero en la acera donde ahora está la Plaza de la Liberación. En aquellos tiempos en lugar de la plaza había dos manzanas ocupadas fundamentalmente por comercios: jarcierías, loncherías y cantinas.

Una pared de ese local estaba decorada con una pintura de una fuente, de ahí tomaría su nombre.

En 1923, por enfermedad, don Florencio les cedió la operación de la cantina a sus hijos José, Andrés y Antonio.

A mediados del siglo pasado, cuando el gobernador Jesús González Gallo emprendió la construcción de la llamada Cruz de Plazas (Liberación, De Armas, Guadalajara y Rotonda de los Jaliscienses Ilustres) La Fuente se cambió a su actual ubicación, Pino Suarez 78, entre Independencia e Hidalgo, en esta histórica manzana que fue la ostentosa mansión de Francisco Velarde (El Burro de Oro), aquel rico del siglo XIX que arregló y decoró esta finca con la esperanza de algún día recibir a Maximiliano y Carlota, de quienes fue simpatizante.

José López se mantuvo al frente de La Fuente hasta aproximadamente 1981. A su muerte sus hermanos Andrés y Antonio se hicieron cargo personalmente del lugar pero sus herederos no quisieron continuar con el negocio familiar y la rentaron por un tiempo.

En 1982, en una mesa casi a la entrada, don Antonio López se la ofreció en venta a su actual propietario, Rogelio Corona (quien entonces trabajaba para Pemex y comercializaba un champú), teniendo como testigos a Jaime Álvarez del Castillo y Ramón Wonchee.

El primero de enero de 1983 Rogelio empezó el año nuevo ya como propietario de tan tradicional cantina.

A los pocos años un cambio legal y cultural marcaría la nueva historia de La Fuente y su despegue como atractivo en el centro histórico: el acceso de las mujeres a las cantinas, que le inyectó más vida, mayor atractivo y cierto decoro a estos lugares.

Antes de la llegada de nuevo milenio La Fuente tuvo una venturosa ampliación, tanto por ofrecer más espacio a su clientela como por el descubrimiento de los antiguos arcos que ahora se lucen en su interior.

La barra, que no ha sido tocada desde su origen, los viejos letreros de bebidas, la caja registradora de 1904, el mobiliario y por supuesto la famosa bicicleta son parte del encanto de este tradicional lugar.

La mítica bicicleta Raleigh fue encontrada por Rogelio en el baño del lugar, entre cartones de cervezas y otras cosas.

La historia oficial dice que perteneció a un trabajador ferrocarrilero que llegó a la cantina pasado de copas, al que don José López ya no le quiso servir por verlo en avanzado estado de ebriedad. Solamente le permitió pasar al baño, pero cuando salió dejó olvidada la bici.

En aquellos tiempos la bicicletas debían portar placas de identificación y circulación, por lo que buscaron al propietario en el domicilio que tenía registrado y ya no correspondía al mismo. Así que desde entonces, honestidad de cantineros, ahí sigue esperando a su dueño. Ahora está en un nicho, enmarcada en uno de los arcos y por lo que queda de los murales de la pintora Lucía Maya.

Es por ella que mucha gente, sobre todo turistas, y muchos locales la conocen como “la cantina de la bicicleta”.

A la hora en que llega el hambre, a través de una ventana que la une con el vecino restaurante Casa Velarde, en La Fuente sirven comida a la carta, lo que hace aún más grata la visita a esta emblemática cantina.

¡Un lugar para volver y volver!

¡Salud!

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Rogelio Corona y Gilberto Pérez Castillo

Calle Pino Suarez 78, entre Hidalgo e Independencia, Centro Histórico, CP 44280, Guadalajara.

Facebook: facebook.com/cantinalafuentemx

 

 

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